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Cuando el amor no es amar

abril 1, 2009

cuando-el-amor-no-es-amarCuando el amor, no es amar

A veces, las mujeres nos equivocamos, confundiendo el amor

con la necesidad del otro.

Armamos nuestra propia fantasía

acerca del amar.

 

Y no hay peor ciego, que aquel que no quiere ver.

La educación, la cultura, el sistema de creencias, el entorno

puede llevarnos a vivir de manera errónea nuestra propia vida,

justificando en el otro, conductas que nos hacen daño.

 Una de las lecciones más importantes de la vida, es aprender

a conocernos y reconocer nuestras fortalezas y no temer a la vida

en soledad.

 

Al contrario, disfrutar de nosotras mismas, amarnos, valorarnos

para que llegado el momento,  de encontrar pareja

seamos  verdaderamente nutritivas para la nueva relación.

 

El abuso, en cualquiera de sus manifestaciones siempre termina

con resultados nocivos: tanto para el abusador, como para el abusado,

porque ninguna relación puede mantenerse en el tiempo sin la libertad

de acción necesarias, para ser, existir, crear y amar.

El propósito del agresor es manipular, debilitar y controlar con conductas que van socavando el auto valor de la víctima para controlarla.

 

Estas personas negativas desplazan por sus relaciones lo que tienen en su interior.  Se llaman tóxicas porque afectan adversamente a los demás.

Se necesitan dos personalidades para danzar el baile del maltrato psicológico:

  • El agresor – Generalmente presenció el ejemplo de abuso verbal en su crianza. Cree en la cultura de los derechos del “macho” dominador. Es celoso o inseguro o exageradamente exigente e intolerante. Es un mal genioso temperamental y está resentido y frustrado con el sistema en el cual vive.
  • La víctima – Generalmente se acostumbró a algún tipo de abuso en su crianza. Creció con baja auto estima, sin confiar en las demás personas ni en sí misma.  Asume culpas ajenas, es rescatadora innata. Se sacrifica y se siente en algún grado responsable por los abusos.  El maltrato verbal seguirá mientras se repita: “No puedo hacer nada, él es así”.

 Solo tenemos el poder de  cambiar nuestras creencias y actitudes, por lo tanto

sembremos para cosechar nuestra propia vida interior.

Para comenzar, debemos dejar de justificar, racionalizar y minimizar el abuso.

 

 Es una realidad que nos presenta el reto de tomar una decisión interna: “me cansé de sufrir y llorar, se acabó; yo no lo merezco”. 

En ese cambio de conciencia está la potencialidad de transformar el mal hábito del abuso, en una oportunidad de crecimiento para ambos. Es importante la dinámica que nuestro cambio crea en el otro.  

La meta es dedicar tiempo y energía al proceso de empoderamiento personal.  Aprender a poner límites a otros para el bien de los dos.

 

  • Aprecia y valórate : “Mi vida es importante también”.
  • Respeta tu vida: “Asumo el poder que tengo para mejorar mi relación”.    
  • Decide ser feliz: ” Es mejor estar sola que mal acompañada”.                      

Toma conciencia de tu situación, acciona en pos de lograr tu evolución

y así llegar a solucionar tu propia vida.

Si cambias tú, cambia el otro y así cambia tu entorno.

Depende de nosotras.